La palabra examen aparece desde el inicio de nuestra vida escolar asociada a ideas más bien negativas: nervios, ansiedad, sufrimiento… Incluso cuando hablamos de “examinar” a alguien en otros contextos de vida, fuera del colegio, se considera algo intrusivo o aburrido. Muchas veces pensamos en el examen como una definición de antes y después, que nos expone y examina en lo más profundo de nosotros.
Así lo viven muchos escolares cuando afrontan sus primeros exámenes en la escuela primaria: con poca experiencia en el aprendizaje, no es raro que sientan que “no saben”, que les irá “muy mal” y que “suspensarán”. Esta agonía previa y lo mucho que hay en juego para ellos hace que los exámenes sean la “bendición” de la vida escolar, y esto se mantiene incluso en la universidad, cuando las semanas de exámenes son auténticos agujeros negros de tormento y borrachera en las bibliotecas.
Es evidente que el examen es necesario: para empezar, porque nos obliga a trabajar la “recuperación activa” de información, base del aprendizaje. Si no intentamos recuperarlo, si nadie nos pregunta por él, lo más probable es que quede en el olvido. Pero, ¿podría ser una experiencia menos angustiosa o incluso positiva?
La respuesta es, como puedes imaginar, sí: Matkalen Belausteguigoitia y Oihane Korres de la Universidad de Deusto explican en un artículo publicado esta semana cómo se pueden diseñar pruebas que consigan esa difícil cuadratura del círculo: que los estudiantes aprendan, que los profesores puedan calibrar ese aprendizaje y que ambos lo vivan como un proceso útil. Pista: si los resultados de la prueba no modifican de alguna manera lo que se hace después, no se ha diseñado una prueba verdaderamente formativa. Y otro crucial es cómo se devuelven los resultados de esos exámenes a los estudiantes.
Incluso antes de la escuela primaria, en las instituciones preescolares también existen informes de evaluación. ¿Tiene sentido poner notas en esta etapa? ¿Qué observan y miden los profesores a la hora de decidir si un niño de 4 o 5 años se está desarrollando adecuadamente? Elena Escolano Pérez, experta en psicología evolutiva y educativa de la Universidad de Zaragoza, explica en su artículo qué hay que tener en cuenta para que esta observación y evaluación sea justa y, sobre todo, eficaz.
Además de esta pregunta, en las últimas dos semanas hemos discutido la importancia de encontrar soluciones alternativas a los problemas de matemáticas, qué hacer con los libros problemáticos en el aula y por qué la moralidad no es esencial, formas de resolver conflictos en el aula con “inteligencia colectiva”, abordando el comportamiento disruptivo como información útil en lugar de mala voluntad; Finalmente, consideramos si un estudiante que termina la carrera de Derecho podría considerarse realmente preparado para la vida laboral sin conocimientos de inteligencia artificial.
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