Conversación docente: las escuelas de 0 a 3 años como inversión de futuro

ANASTACIO ALEGRIA
4 Lectura mínima

Ocho meses después de tener a mi primera hija, después de maximizar mi licencia de maternidad y sumar los meses de licencia que eran posibles, llegó el momento de llevarla al jardín de infantes. Todavía recuerdo lo importante que fue para mi paz el momento de conocer a su cuidador. La dulzura y empatía que me transmitió Rosa transformó por completo ese inquietante momento de dejar a mi bebé en manos de un desconocido. De repente supe que estaría bien atendida y que se sentiría querida durante esas horas.

Es difícil exagerar la influencia de los educadores y tutores en la primera infancia (la mayoría son mujeres), especialmente en la edad de 0 a 3 años. Y va mucho más allá de permitir que las familias lleguen a un acuerdo con la paz y la seguridad. En esta etapa temprana de la vida, una buena atención en la escuela es tan decisiva para el éxito académico posterior que se considera uno de los principales factores que contribuyen a la igualdad educativa.

Por eso es necesario que el público y la oferta de plazas no se conviertan en un tema electoral único: los proyectos, la financiación y el equipamiento requieren un apoyo y compromiso constante por parte de las instituciones. Como explica Estefania Hita, de la Universidad Internacional de La Rioja, ayuda pensar en esta fase educativa no en términos de costes presupuestarios, sino como una inversión de futuro.

Especialmente para niños y niñas en situaciones más vulnerables. La acción temprana es más efectiva, mientras que corregir las desigualdades cuando ya están consolidadas es más difícil y costoso. De ahí el potencial de este escenario como ascensor social.

“España tiene una tasa de escolarización en secundaria entre 0 y 3 años, con un 41,8 por ciento de niños que asisten a la escuela, lo que está por encima de la media de la OCDE. Pero escolarizar no es lo mismo que garantizar la igualdad de oportunidades. No se trata sólo de cuántos niños asisten, sino en qué condiciones lo hacen”, nos explica este experto. El precio, la distribución, la estabilidad de los centros o la calidad de los proyectos varían mucho según la ubicación. Estas diferencias ocurren incluso antes de que los niños comiencen a hablar y tienen consecuencias reales para su desarrollo.

Desde que mi hija, mi marido y yo conocimos a Rosa en aquella guardería de Madrid, la formación y la investigación en esta etapa del desarrollo infantil ha evolucionado mucho. En la Conversación hablamos de cómo el papel de los especialistas en la fase de 0 a 3 años es cada vez más profesional y especializado. Su apoyo profesional permite que los niños exploren y desarrollen habilidades cognitivas y motrices de forma satisfactoria, sin olvidar, por supuesto, su papel básico como referentes emocionales e incluso físicos.

Todos estos desarrollos afectan cómo la sociedad percibe a estos profesionales y cómo se categoriza, protege y compensa su trabajo esencial. Está comprobado que acudir a preescolar es positivo para el desarrollo mental, físico y social. Y los jardines de infancia sólo pueden desempeñar esta útil función cuando están compuestos por profesionales bien formados y bastante reconocidos.

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