¿Las plantas realmente limpian el aire en casa? ¿Y es cierto que las mascotas empeoran la situación? Estas son ideas ampliamente aceptadas, pero cuando miramos la evidencia científica, la historia cambia mucho. Ni las macetas son purificadores naturales, ni los perros son pequeños emisores peligrosos. Mientras tanto, para sorpresa de algunos, las personas siguen siendo las mayores “contaminadoras” de nuestro hogar.
Las plantas no limpian tanto.
La idea de que las plantas limpian el aire proviene de estudios realizados en cámaras cerradas. En una casa normal, con ventanas, corrientes de aire y grandes volúmenes, este efecto prácticamente desaparece.
Las revisiones científicas coinciden en que se necesitarían decenas o incluso cientos de plantas por metro cuadrado para ver reducciones significativas de contaminantes como el formaldehído o el benceno. Se trata de compuestos orgánicos nocivos para nuestra salud que pueden estar presentes en el aire y proceder del tráfico, el humo del tabaco o los materiales de construcción.
El efecto de los jardines verticales interiores.
Sin embargo, hay un matiz interesante: los jardines verticales interiores, que concentran muchas plantas en el mismo plano, pueden lograr mejoras mensurables bajo ciertas condiciones. Un estudio de 2021 mostró una reducción del 12 al 17 % de CO₂ y del 8 al 14 % de PM2,5 (partículas de menos de 2,5 micrones) en un pasillo con una pared verde en comparación con una pared idéntica sin ella.
Del mismo modo, un trabajo en un edificio de oficinas de 2026 encontró que cerca de un jardín vertical el formaldehído se reducía hasta en un 40%, aunque el efecto desaparecía a unos metros de distancia.
Eso sí: estos sistemas requieren un buen diseño y mantenimiento. El mismo estudio encontró más esporas de moho en áreas donde la humedad era alta o el cuidado no era óptimo.
Entonces, si bien una maceta no limpia significativamente el aire, un jardín vertical grande y bien mantenido, en ciertas áreas, puede ayudar modestamente.
Además, las plantas aportan beneficios microclimáticos (humedad, confort, pequeñas reducciones térmicas) y efectos psicológicos positivos. Por tanto, no podemos considerarlos como filtros de aire, sino como elementos de bienestar.
¿Y los perros? ¿Emiten muchas emisiones contaminantes?
En cuanto a las mascotas, un estudio reciente midió por primera vez las emisiones reales de perros y humanos en una cámara controlada. Según los resultados, un perro grande emite aproximadamente la misma cantidad de CO₂ y amoníaco que un adulto, mientras que un perro pequeño produce mucho menos.
En segundo lugar, las partículas que liberan son del mismo orden que las nuestras, salvo los perros muy activos que levantan más polvo.
La principal diferencia es que estos animales traen microbios del exterior, lo que aumenta la diversidad microbiana del hogar. Sin embargo, esto no es necesariamente malo, ya que algunos estudios sugieren que puede favorecer nuestro desarrollo inmunológico.
El hecho lo cambia todo: ¿cuánta gente transmite?
Mucho más que cualquier perro… y ciertamente más que cualquier planta. Un estudio de 2022 encontró que cada persona emite más de 2000 microgramos/hora de compuestos orgánicos volátiles, una cantidad que se duplica cuando el ozono está en el aire exterior al reaccionar con los aceites de nuestra piel.
Además, cuando nos movemos, recogemos polvo, fibras y partículas. Así que el mayor impacto en el aire interior son nuestras propias actividades: cocinar, limpiar, ducharnos, usar ambientadores o simplemente estar allí.
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Es importante recalcar que no sólo es importante cuántas partículas hay, sino también cómo reaccionan en nuestro organismo. En este sentido, los asociados a perros suelen ser de mayor tamaño y menos reactivos que los finos de origen urbano o los que creamos durante la cocina.
Entonces… ¿es mejor tener macetas o mascotas?
No tienes que elegir. Las plantas, sobre todo agrupadas en jardines verticales bien diseñados, pueden aportar pequeñas mejoras locales y mucho bienestar. En realidad, las mascotas emiten menos de lo que pensamos. Y el aire de casa depende mucho más de nosotros que de ellos.
La receta sigue siendo la misma: ventilar, reducir los focos de contaminación… y disfrutar de un hogar vivo.
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