¿Aprendemos los valores de la democracia en la escuela?

ANASTACIO ALEGRIA
7 Lectura mínima

Aunque tuvo su origen en la Atenas de Pericles (en el siglo V a.C.), la democracia como forma de vida y de gobierno tardó siglos en generalizarse. En los países occidentales, comenzó a desarrollarse después de la Revolución Francesa de 1789 y las posteriores revoluciones liberales del siglo XIX.

Este sistema de convivencia y gobierno se está extendiendo por todo el mundo con constantes avances y descensos. Pero, como todos los logros éticos de una sociedad, como propone el filósofo alemán Jürgen Habermas, ésta no permanece estable y requiere una tensión educativa constante.

En lo que respecta a los jóvenes, en los últimos años en la Unión Europea se ha observado una pérdida de determinación cívica entre los jóvenes y de determinación por modelos autoritarios. Tres aspectos que preocupan mucho: la indiferencia hacia la participación política, la falta de interés por los temas comunes y la participación social, y el aumento de actitudes intolerantes.

En España, por ejemplo, uno de cada cuatro hombres (25,9%) de entre 18 y 26 años afirma que “en determinadas circunstancias” el autoritarismo puede ser mejor que un sistema democrático.

El desafío: la educación superior

Teniendo en cuenta que la estabilidad de un sistema democrático requiere ciudadanos dedicados y con mentalidad cívica que participen y crean en estos valores, vale la pena considerar si los datos anteriores son un fracaso de los sistemas educativos.

Después de muchos años de escolarización obligatoria, ¿supimos o logramos enseñar a las nuevas generaciones contenidos históricos fundamentales, un sentido crítico de defensa contra la manipulación y la capacidad de analizar la realidad más profundamente, de actuar según nuestros propios criterios y sobre la base de conocimientos científicos y contradictorios?

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Aprende los valores de la democracia

En lo que respecta a la Unión Europea, la educación para la ciudadanía y los valores democráticos forma parte del currículo en todos los niveles escolares.

En cada país adopta nombres diferentes: “educación para la ciudadanía”, “educación en valores sociales y cívicos” o “educación para la democracia, la ética y la democracia”. Y se presenta de tres formas combinadas: como tema transversal (trabajado diferentes temas con interrupciones); como materia propia, con lecciones dedicadas exclusivamente a ella; y como contenido integrado a otras materias como geografía e historia, con temas específicos de la materia.

En España existe una asignatura de Educación Cívica y en Valores Éticos en el último ciclo de educación primaria, y en un año de educación secundaria, centrada en la autonomía moral, la democracia, la sostenibilidad y la igualdad de género. Este curso busca desarrollar el pensamiento crítico y la ciudadanía activa, no es una alternativa a la religión y se basa en la inclusión, el respeto a los derechos humanos y la empatía.

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Participación e historia, conceptos básicos.

Si consideramos insuficientes las propuestas educativas actuales, existen al menos tres estrategias básicas que podrían incidir en la educación para la ciudadanía democrática:

Promover la participación activa de los estudiantes en los centros educativos, especialmente en la educación secundaria. La mejor manera de entender cómo funcionan los sistemas democráticos es participar en los mecanismos de análisis y toma de decisiones. En el entorno escolar, esto allana el camino para una participación real en la vida pública, social y cultural en la edad adulta.

Promover la enseñanza de la historia humana, con especial énfasis en el surgimiento de continuas guerras y conflictos provocados por regímenes políticos autoritarios.

Enseñar en las aulas, teórica y prácticamente, sobre el valor de la democracia como forma de vida y de relaciones entre las personas especialmente valiosa: los derechos y deberes de las personas determinados por las constituciones de los países democráticos, los valores éticos mínimos como un conjunto de valores que todos podemos compartir independientemente de nuestras preferencias personales, condiciones culturales o creencias religiosas, debates sobre dilemas morales fundamentales, debates sobre los principios de la democracia. de carácter ético, encuentros en el aula y proyectos de aprendizaje-servicio, en los que los estudiantes aprenden ofreciendo algún servicio a su comunidad.

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Asimismo, sería recomendable incrementar las clases de materias especiales dedicadas a la educación cívica con contenidos relacionados con los valores éticos universales, las declaraciones de derechos humanos y las organizaciones supranacionales.

formación docente

Los docentes deben estar especialmente capacitados para impartir estas materias, basándose en conocimientos teóricos y prácticos. Para lograrlo sería necesario introducir materias relacionadas con la educación en valores y actitudes en el currículo del profesorado de primaria, así como en los contenidos específicos de los estudios de máster para la formación del profesorado de educación secundaria. Además, los centros dedicados a la formación continua del profesorado deberían ofrecer cursos y talleres para actualizar los conocimientos de los docentes en activo.

Para implementar estas propuestas es necesario reequilibrar el peso de los contenidos conceptuales: es decir, reducir el peso que tradicionalmente ha tenido el aprendizaje de datos, hechos y conceptos en las diferentes materias. Comprender cómo y por qué vivimos en una democracia no es tanto una cuestión de teoría sino una cuestión de práctica.


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