Quizás, paseando por alguna ciudad española, hayas visto unas vainas marrones en el suelo. Es posible que las haya identificado como vainas de algarroba. ¿Pero sabías que es fruto de un cultivo muy mediterráneo, la algarroba, con una composición nutricional muy interesante? Vamos por partes…
Lo que nos ha enseñado la arqueobotánica sobre la algarroba
El algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol perenne y longevo, capaz de soportar temperaturas cercanas a los 40 °C y periodos de sequía. Esto explica su frecuente presencia en suelos pobres y zonas marginales, donde otros cultivos no sobreviven.
Durante mucho tiempo se creyó que fue traído al Mediterráneo occidental desde Oriente Medio por los fenicios, griegos o romanos. Sin embargo, los avances en genética vegetal y paleoecología han modificado esta visión. La evidencia actual muestra que la algarroba silvestre es originaria del sur de la Península Ibérica y del noroeste de África. Su domesticación implicó selecciones locales e hibridaciones entre poblaciones silvestres y cultivadas en diferentes regiones mediterráneas.
Algarrobo con vainas colgando de las ramas. Imágenes de Karen/Shutterstock
La arqueobotánica contribuyó al fortalecimiento de esta nueva perspectiva. Los análisis de carbón documentan la presencia de Ceratonia silicus en yacimientos de la Edad del Bronce en la zona de Valencia, sureste peninsular y zona de Extremadura. En cuanto a las semillas, hasta el momento sólo se ha identificado un conjunto procedente del yacimiento medieval de Mojácar la Vieja (Almería).
En cuanto a fuentes escritas, los autores romanos ya mencionan su cultivo. Pero fue durante el periodo andaluz cuando el algarrobo alcanzó mayor expansión y atención en las discusiones agronómicas.
Los agrónomos de Al-Andalus describieron diferentes variedades y prácticas de cultivo detalladas, mostrando su importancia en los sistemas agrícolas medievales. Las vainas se utilizaban tradicionalmente como forraje, mientras que las semillas ligeramente dulces se consumían confitadas, mezcladas con jugo de uva como edulcorante o utilizadas con fines medicinales; En tiempos de escasez se podían moler y mezclar con harina para hacer panes de subsistencia.
Entre sus derivados se encuentra la llamada “miel de algarroba”, melaza que se obtiene cociendo y reduciendo las vainas. Se utilizaba como edulcorante alternativo y se valoraba por sus propiedades astringentes y su utilidad en el tratamiento de trastornos digestivos.
Esta evidencia demuestra que la historia del algarrobo es más antigua, más compleja y más mediterránea de lo que se creía anteriormente. Además, su potencial vuelve a ser relevante en el contexto actual de creciente aridez.
Harina de algarroba: un ingrediente desconocido y sostenible
¿Pero es posible consumir harina de algarroba hoy en día? Sí, podemos encontrarlo como tal o como ingrediente en diversos alimentos, sustituyendo muchas veces al cacao por sus propiedades únicas. Sin embargo, sigue siendo un gran desconocido, a pesar de dos grandes virtudes: valor nutricional y carácter sostenible.
La harina de algarroba, obtenida de las vainas, es uno de los alimentos con mayor contenido en fibra (hasta un 40%). Por otro lado, sus azúcares tienen dos características muy relevantes. La primera es que su asociación con la fibra hace que se absorban más lentamente, generando una carga glucémica baja. Y la segunda es que incluyen D-pinitol, un azúcar característico de la algarroba y asociado a algunas propiedades que mencionaremos más adelante.
Finalmente, esta harina tiene un alto contenido en polifenoles, compuestos antioxidantes y antiinflamatorios.
Además, el uso de harina de algarroba permite aprovechar la vaina, un subproducto de la industria alimentaria. Y la algarroba se suele cultivar por sus semillas (contenidas en dicha vaina) para producir goma de algarroba, un aditivo alimentario (E-410) que se utiliza como espesante en yogures o mermeladas. Por ello, tradicionalmente se producen toneladas de vainas, que se desechan a pesar de su interesante composición nutricional.
Por tanto, el consumo de harina de algarroba también contribuye a la economía circular.
Beneficios de consumir harina de algarroba
Para estar seguro de los efectos de un alimento sobre la salud es necesario demostrarlos en estudios científicos, y no simplemente inferir sus beneficios a partir de su composición. La harina de algarroba ha mostrado resultados muy prometedores en estudios con animales relacionados con el metabolismo de la glucosa o la microbiota intestinal. Esto último se ha observado cuando se utiliza añadido a la carne o en combinación con cacao. Algunos estudios en humanos han obtenido los mismos resultados, aunque todavía son muy pocos.
Todo ello anima a seguir investigando con el fin de fomentar el cultivo de la algarroba y el uso de la harina de algarroba como ingrediente. Eso sí, sin pretender convertirlo en un “superalimento”, término sin validez científica.
A medida que sigamos avanzando en este conocimiento, tal vez pueda empezar a incorporar esta harina en algunas recetas… y ver esas vainas tiradas en la calle con otros ojos.
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