A los humedales de Donjana les podrían quedar 60 años de vida

ANASTACIO ALEGRIA
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Los humedales de Donjana representan uno de los ecosistemas más valiosos de Europa. Situadas en el suroeste de la Península Ibérica, actúan como refugio de cientos de especies de aves migratorias, regulan el ciclo natural del agua y juegan un papel clave en el equilibrio ecológico del territorio. Sin embargo, este paisaje emblemático se encuentra hoy en una situación crítica.

Un pantano seco único

Los últimos datos científicos muestran que Donjana está perdiendo agua a un ritmo constante y alarmante. De continuar esta tendencia, los humedales podrían desaparecer en unos 60 años, convirtiéndose en una zona seca incapaz de cumplir las funciones ecológicas que la han caracterizado durante siglos. Esta previsión no es alarmismo: es el resultado de un análisis riguroso basado en observaciones satelitales y modelos científicos.

Imágenes del proyecto Aplicación del procesamiento de imágenes digitales para el seguimiento del recurso hídrico de acuerdo con la Agenda 2030 Emilio Ramírez. Lo que nos dicen los satélites

Durante décadas, el seguimiento de los humedales se basó principalmente en observaciones de campo. Hoy la tecnología nos permite llegar mucho más lejos. Gracias a los satélites del programa europeo Copernicus, especialmente Sentinel-2, es posible observar con gran detalle la presencia de agua superficial y su evolución en el tiempo.

A partir de estas imágenes se desarrolló un índice espectral específico (VIMI, Water Inference Moisture Index) que permite detectar con precisión zonas inundadas y medir cómo varía el agua en la marisma de año en año.

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Zona de marismas en el Parque Natural de Doñana, en 1999. Wikimedia Commons., CC BI-NC-SA

El análisis de series temporales largas revela una tendencia clara: la superficie inundada está disminuyendo progresivamente, incluso en años que no pueden considerarse excepcionalmente secos.

Este enfoque, apoyado también en técnicas de aprendizaje automático, nos permite identificar patrones que antes pasaban desapercibidos. La conclusión es inequívoca: Donjana se está secando estructuralmente, no exactamente.

Causas: menos lluvia y más presión humana

El deterioro de los humedales de Donjana es el resultado de una combinación de factores naturales y humanos. El primero es el cambio climático. En el sur de la Península Ibérica las precipitaciones han disminuido en las últimas décadas y, cuando llueve, lo hace de forma más irregular. Esto reduce la recarga natural tanto de los humedales como de los acuíferos que los alimentan.

A este problema se suma la explotación excesiva de las aguas subterráneas. El crecimiento de la agricultura intensiva en la zona de Donjan ha aumentado la extracción de agua, muchas veces más allá de la capacidad del sistema de recuperación.

Aunque no siempre es visible, esta pérdida de agua subterránea tiene un impacto directo sobre el humedal, que depende del equilibrio entre el agua superficial y el agua freática.

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Imágenes del índice VIMI Sentinel-2 L2A (valores en mm/h): (a) 10 de marzo de 2016, (b) 24 de enero de 2017, (c) 17 de abril de 2018, (d) 15 de febrero de 2019, (e) 24 de mayo de 2020, 20 de febrero de 2020, (f) 2 de enero de 2020 (f) 2022, (h) 19 de diciembre de 2023 y (i) 9 de abril de 2024. La línea azul representa los humedales de Donjana. Emilio Ramírez, con base en el VI informe de expertos en cambio climático (2021)

Finalmente, el aumento de las temperaturas aumenta la evaporación, lo que acelera la pérdida de agua y agrava aún más el desequilibrio hídrico.

Consecuencias ecológicas de los humedales heridos

La progresiva pérdida de agua en los humedales de Donjana tiene consecuencias ecológicas profundas, acumulativas y, en muchos casos, irreversibles. Las lagunas temporales, que forman uno de los elementos clave del sistema de humedales, dependen de ciclos naturales de inundaciones y sequías para mantener su biodiversidad. Cuando estos ciclos se acortan o interrumpen, muchas especies no logran completar sus etapas reproductivas.

Los anfibios, los macroinvertebrados acuáticos y las plantas hidrófilas han reducido el hábitat disponible, provocando una progresiva simplificación de los ecosistemas.

Las aves acuáticas y las migratorias se encuentran entre los grupos más afectados. Donjana funcionó históricamente como un enclave estratégico en las rutas migratorias entre Europa y África, ofreciendo alimento y descanso en épocas críticas del año.

La reducción de la superficie inundada reduce la disponibilidad de recursos tróficos y de refugio, obligando a muchas especies a modificar sus rutas, concentrarse en zonas cada vez más restringidas o abandonar el humedal. Estos cambios no sólo afectan a Donjana, sino que tienen consecuencias a escala continental.

Regulador natural de sequía

Además, la desaparición del humedal implica la pérdida de un regulador natural de eventos extremos. Un humedal saludable protege contra inundaciones, almacena carbono y contribuye a la estabilidad del clima local.

Por el contrario, la degradación del sistema reduce su capacidad para retener agua durante episodios de lluvias intensas y liberarla gradualmente durante períodos secos, aumentando así la vulnerabilidad del territorio a sequías prolongadas y eventos climáticos extremos.

A estas consecuencias se suma la progresiva degradación del suelo y los procesos biogeoquímicos asociados a los humedales. La pérdida de humedad favorece la oxidación de los sedimentos, altera la disponibilidad de nutrientes y puede aumentar la salinización del suelo, impidiendo la regeneración natural de los ecosistemas, incluso en escenarios futuros de recuperación de agua. Este deterioro del sustrato compromete la resiliencia del sistema y reduce su capacidad de responder a las medidas de restauración.

Desde el punto de vista ecológico, Donjana no se “transformaría”, sino que colapsaría como sistema funcional.

Todavía estamos a tiempo de evitarlo.

Un horizonte de 60 años no es una fecha escrita en piedra. Es una advertencia basada en datos actuales que pueden cambiar si se toman decisiones audaces y urgentes. La misma tecnología que permite descubrir un problema también ofrece una poderosa herramienta para evaluar soluciones y medir su efectividad en tiempo real.

Reducir la extracción de aguas subterráneas, restaurar el funcionamiento natural del acuífero, apostar por una agricultura verdaderamente sostenible y reforzar la política de adaptación al cambio climático son medidas clave. Pero también es importante asumir que Donjana no puede seguir soportando la presión actual.

Salvar sus humedales no se trata sólo de preservar un espacio natural simbólico: se trata también de decidir qué tipo de modelo de gestión del agua y la tierra queremos para el futuro. Los datos científicos ya lo han dicho.

Ahora, la respuesta debe ser política y social.


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