2026 no será el año del colapso demográfico: ¿qué pasó realmente con la población mundial?

ANASTACIO ALEGRIA
7 Lectura mínima

El planeta ya superará los 8.300 millones de habitantes en 2026, según datos de la ONU. La cifra es elevada, pero muy alejada del “crecimiento sin fin” temido en los años 1960, reflejado en artículos como Doomsday: Friday, November 13, 2026. El viejo temor a una superpoblación descontrolada ya no se ajusta a los datos. ¿Pero por qué?

Hoy sabemos que si bien la población mundial sigue creciendo, lo hace a un ritmo más moderado. Si miramos la evolución desde 1960, vemos que la población se ha duplicado en poco más de medio siglo. El crecimiento siempre ha sido positivo, aunque no constante: después de alcanzar su punto máximo, el ritmo comenzó a disminuir alrededor de la década de 1970, con una desaceleración más pronunciada en las últimas décadas. Es decir, seguimos creciendo, pero más lentamente.

Transiciones demográficas: la clave para entender el cambio

Para comprender estos cambios es necesario introducir el concepto de transición demográfica, es decir, el proceso histórico por el cual la población pasa de altas tasas de natalidad y mortalidad -típicas de las sociedades preindustriales- a bajas tasas para ambos conceptos.

La primera fase es la disminución de la mortalidad, impulsada por el progreso médico y sanitario. En la segunda fase, se produce una disminución de la fecundidad por debajo del umbral de reemplazo (2,1 hijos por mujer), seguida de profundos cambios sociales que retrasan la fecundidad: retraso en el matrimonio, aumento de los divorcios, más convivencia y más nacimientos fuera del matrimonio. En muchos casos los nacimientos no son suficientes para compensar la mortalidad y se produce un aumento natural negativo.

Una catástrofe malthusiana

El artículo alarmista de 1960, Doomsday: Friday, November 13, 2026, fue escrito en el apogeo de la primera transición demográfica, cuando las tasas de mortalidad estaban cayendo pero las tasas de natalidad no. A este hecho se sumó el miedo social a la superpoblación, alimentado también por las ideas de Thomas Malthus, quien sostenía que la población humana crece en progresión geométrica (exponencialmente), mientras que los alimentos aumentan sólo en progresión aritmética (linealmente).

Esto, anunció Malthus, provoca que la población supere los recursos, provocando que ésta se vea regida por la miseria, el hambre, la guerra y las epidemias, fenómeno conocido como la Catástrofe Malthusiana.

Nacimientos, defunciones y migraciones

La evolución de la población depende de los nacimientos, las muertes y las migraciones. La combinación de estos tres fenómenos determina el crecimiento -o disminución- de la población.

En lo que respecta a las muertes, la esperanza de vida ha seguido aumentando en las últimas décadas. A nivel mundial, ha aumentado de 47,8 años en 1960 a 73,8 años en 2026, un aumento de casi 26 años, equivalente a alrededor de 0,4 años adicionales por año. Las mujeres tienen sistemáticamente expectativas más altas que los hombres, una brecha que ha aumentado desde hace unos 3 años hasta aproximadamente 5 en la actualidad.

Si miramos por regiones, países como Japón, España o Suiza tienen los valores más altos, mientras que Nigeria, Chad o Sudán del Sur tienen los más bajos, con hasta 30 años de diferencia.

Por el lado de la natalidad, la baja fertilidad ya es una realidad consolidada, especialmente en los países occidentales. El índice sintético de fertilidad -que estima el número medio de hijos por mujer- cayó de 4,7 en 1960 a 2,2 en 2026. Una vez más, las diferencias regionales son enormes: mientras países como China, Ucrania o Puerto Rico rondan un hijo por mujer, otros como Somalia, Mali o Chad superan los cinco.

El tercer elemento es la migración, cuyo impacto ha aumentado en un mundo cada vez más global y conectado. A nivel mundial, el saldo migratorio es un juego de suma cero: lo que pierde un territorio, lo gana otro. Pero a nivel regional las diferencias son claras: hay claramente zonas que reciben y otras que expulsan o emiten poblaciones. Esta dinámica está condicionada en gran medida por la política migratoria de cada país.

¿Por qué la población sigue creciendo?

Surgen entonces dos preguntas clave. En primer lugar, ¿cómo puede aumentar la población mundial si la fertilidad sigue cayendo? La respuesta está en aumentar la esperanza de vida. Vivimos más, lo que significa que cada persona “cuenta” más años en la población total. Por tanto, la disminución de la fecundidad no tiene un impacto inmediato tan fuerte como cabría esperar.

Otra pregunta es si todavía tenemos miedo a la superpoblación. Aunque la población sigue creciendo, el ritmo se está estabilizando y la disminución de la fertilidad ha reducido ese temor. De hecho, en muchos países el miedo ha cambiado de dirección y en muchos territorios se ha transformado en preocupación por el descenso demográfico y el envejecimiento.

Mirando hacia el futuro

Según proyecciones de las Naciones Unidas, en 2100 la población mundial alcanzará los 10.180 millones de personas. La esperanza de vida seguirá aumentando hasta los 81,7 años, con una brecha de género de menos de cuatro años. La fecundidad, por su parte, seguirá descendiendo hasta alcanzar unos 1,84 hijos por mujer.

Ante este escenario, la pregunta no es sólo si debemos preocuparnos por la sobrepoblación o la despoblación, sino si podemos entender que en una sociedad global como la actual, la disminución de la mortalidad y el aumento de la longevidad disminuyen la necesidad de un crecimiento basado únicamente en los nacimientos. Como ya ocurrió durante la primera transición demográfica, el equilibrio entre fertilidad, mortalidad y migración puede conducir a un crecimiento poblacional estable.

Por supuesto, este equilibrio dependerá de factores clave que deberán ser monitoreados de cerca, como el cambio climático, que es capaz de influir tanto en la mortalidad como en los movimientos migratorios en las próximas décadas.


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